PHOTOGRAPHER | BOOKER / SCOUTER
Nací en Montevideo y, desde muy temprano, la fotografía se convirtió en una forma natural de mirar el mundo. Mi formación comenzó con estudios de fotografía analógica y laboratorio, y se consolidó a lo largo de los años a través de una práctica constante, exploración autodidacta y una búsqueda permanente de perfeccionamiento técnico y expresivo.
Una etapa decisiva en mi desarrollo ocurrió durante mi experiencia como oficial de puente en un buque español, navegando por el Atlántico Sur. Meses sin tocar tierra, conviviendo con la intensidad del mar, la fuerza de las tormentas, la calma de los atardeceres y la vida a bordo, despertaron en mí una mirada atenta hacia el entorno y las historias que lo habitan. Allí nació mi interés por el fotoreportaje y la fotografía de paisaje, y comprendí que cada imagen puede ser testimonio, memoria y relato.
Con el tiempo he explorado distintos géneros, aunque mi lenguaje visual encuentra su mayor expresión en el retrato, la fotografía de estudio y la fotografía artística, con una marcada afinidad por el blanco y negro. Mi enfoque combina atributos fotográficos esenciales —luz, enfoque, tiempo, movimiento y punto de vista— con un cuidado riguroso del encuadre, la nitidez, el cromatismo o su ausencia, y la textura del soporte final.
En cada obra, la técnica está al servicio de la composición: forma, línea, ángulo, tono, contraste y profundidad se organizan para generar equilibrio, ritmo y un recorrido visual consciente. El uso de la perspectiva, la proporción y los puntos de interés permite construir imágenes con intención, claridad y fuerza narrativa.
Pero la fotografía, para mí, trasciende lo técnico. El verdadero valor está en el contenido: el sujeto, su contexto, el primer plano y el fondo dialogan para construir una historia. Cada imagen busca transmitir sentimiento, sugerir una metáfora visual y sostener un discurso propio, donde la narrativa y las marcas emocionales del momento queden registradas.
Concibo la fotografía como un medio de expresión personal y, al mismo tiempo, como un lenguaje social y cultural. Una imagen funciona como ícono, signo y símbolo: documenta una realidad, la interpreta y la transforma en memoria compartida.
Mi estilo se caracteriza por una búsqueda de autenticidad y sensibilidad, donde la autoría se construye desde la observación, la experiencia y el diálogo con diferentes épocas y corrientes visuales. Cada proyecto responde a una intención clara: capturar un instante de luz y de vida, y transformarlo en una imagen capaz de generar conexión, emoción y permanencia.
Desde niño me fascinaba mirar fotografías. Siempre sentí que poseen una capacidad única: detener el tiempo, transportarnos a un instante preciso y permitirnos revivirlo o descubrir realidades que no experimentamos. Esa misma motivación guía hoy mi trabajo: preservar aquello que el tiempo inevitablemente transforma o borra.
En más de una ocasión me he hecho una pregunta simple: si un incendio me diera solo el tiempo suficiente para salvar una única cosa, ¿qué elegiría? La respuesta siempre fue la misma: las fotografías. En ellas se guarda nuestra identidad, nuestra historia, los gestos, las miradas, las lágrimas y las risas que el tiempo inevitablemente diluye.
Cada momento es único e irrepetible. Los recuerdos se transforman y se mezclan, pero una imagen tiene la capacidad de conservar aquello que no queremos perder: fragmentos reales de lo que fuimos, vivimos y sentimos.